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Tarjeta de Crédito

Aunque en esencia, una tarjeta no es un tipo de préstamo, en los últimos tiempos las tarjetas de crédito se han convertido en un recurso para muchas personas a la hora de obtener créditos de cantidades pequeñas (hasta unos 5.000 €) de una forma rápida.

Las tarjetas de crédito (no confundir con las de débito, ya que estas se repercuten de inmediato contra alguna cuenta del cliente) solo requieren de una solicitud que, de ser aprobada, da acceso de forma inmediata a las cantidades que se especifiquen. Esto sirve tanto para la realización de compras con ellas como para la obtención de dinero en efectivo o incluso el cargar una cuenta corriente. Y todo ello de una forma prácticamente inmediata.

Eso si, por muy bien que nos las pinten, conviene recordar que esta ventaja tiene un precio muy caro. El conceder dinero sin ningún requisito de papeleo hace que las entidades cubran su inversión poniendo unas tasas de interés muy superiores a las de otros métodos de préstamo (entre un 18% y un 22% según el caso). Aunque esto solo aplica en el caso de que querramos amortizar las cantidades adeudadas en plazos mensuales. Si no hacemos esto, las entidades no suelen cargar ningún interés por su uso (es el caso de las clásicas tarjetas Visa, Mastercard o similares).

 

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