¿Subrogación, novación o refinanciación?
Gracias a los tutoriales anteriores de subrogación, novación y refinanciación / reunificación), ya sabemos todas las opciones de que se dispone a la hora de renegociar las condiciones de mi hipoteca. Pero, ¿sabemos realmente en qué casos podemos solicitar uno u otro?, o ¿cuál es el más ventajoso para nuestra situación financiera? Pues vamos a detallarlo con un poco más de calma, explicando los pros y contras de cada opción.
Supongamos que firmamos la hipoteca ya hace unos años y resulta que, debido a la situación económica, a la propia competencia natural del sector bancario o, simplemente, a que en el momento que la firmamos se estilaban ciertas clausulas algo desfavorables para nosotros (por ejemplo, el famoso suelo hipotecario), nuestras actuales condiciones han quedado fuera de mercado. En esta situación, teniendo aun bastantes años por delante de pago, deberíamos plantearnos realizar una subrogación. Echando unos números rápidos o recurriendo a alguna de las múltiples calculadoras de subrogación que existen por la red, podremos darnos cuenta lo fácil que es ahorrarnos unos buenos euros al mes con tan solo acogernos a alguna de los múltiples productos que existen específicos para clientes que desean renegociar sus condiciones hipotecarias. Eso si, en este caso se trata únicamente de un cambio de condiciones (principalmente la del tipo de interés que seguramente cambie a la baja), no pudiendo modificar ni el plazo ni el importe del capital que se debe en el momento de renegociar la hipoteca.
Ahora planteemos el supuesto de que queremos/debemos reformar nuestra vivienda pero no tenemos mucho dinero disponible para hacerlo. O, por ejemplo, necesitamos adquirir un vehiculo nuevo. En este caso, la mejor opción es una novación. Aquí los bancos nos permiten ampliar de forma moderada el capital del préstamo hipotecario (el máximo suele rondar los 15.000 o 20.000 euros, aunque depende de la entidad). Y también suelen tener en cuenta el destino que se le quiere dar al dinero adicional, por lo que no vale cualquier cosa.
También se nos permite ampliar el plazo de devolución del mismo, con lo que la letra mensual quedaría un poco más baja, algo que nos puede venir muy bien si andamos algo apurados para llegar a fin de mes.
Digamos, pues que la novación es algo que puede servirnos para aliviar nuestra carga de forma temporal si tenemos un momento de apuro económico, pero no es algo que nos ayude si tenemos problemas serios.
Por último, quedaría el caso de la refinanciación. Este producto sirve principalmente para solicitar, mediante un préstamo hipotecario que ya debe estar constituída, una cantidad de dinero, normalmente superior a la que se concedería en una novación. Las causas que pueden llevar a solicitar una refinanciación son muy variadas, aunque las más comunes son para cancelar otros préstamos personales que se tengan (en este caso se denomina, reunificación de préstamos o consolidación de deudas), para realizar alguna inversión (como abrir un negocio), o algo similar. En una refinanciación se suele permitir ampliar tanto el plazo como el importe del préstamo, aunque por contra estas operaciones suelen conllevar unos gastos de tramitación que las anteriores no tienen. Además, es un producto poco apreciado por las entidades bancarias dado su potencial riesgo. Por eso, es normal que para realizarlo haya que recurrir a agentes de intermediación financiera.
En resumen, que hay que tener claro en qué situación nos encontramos para tener claras cuáles son nuestras opciones y elegir la más adecuada.
Página anterior: Reunificación de créditos
Página siguiente: Tipos de Interés

Comentarios
Agregar ComentarioAgregar Comentario